Gracias por contactarnos.
Recibirá una respuesta lo antes posible.
Llegas a la oficina, saludas a tus compañeros, te sientas, enciendes el ordenador… y entonces lo notas.
Junto a un escritorio, sentado cerca de su madre, hay un niño. O una niña. Tiene la cabeza inclinada sobre los deberes, hojea un libro o se concentra con enorme seriedad en una pulsera de cuentas de colores.
A su alrededor, suena el teléfono, llegan correos electrónicos, alguien pasa con un café en la mano.
Y, sin embargo, esa escena tan sencilla cambia inmediatamente algo.
El ambiente en la oficina cambia. Sale sonreír, casi sin darse cuenta. Y también surge un pensamiento: al fin y al cabo, somos afortunados, porque no en todos los lugares de trabajo hay espacio para escenas como esta.
Poder llevar a tu hijo al trabajo no es algo que se pueda dar por hecho.
En Edilteco, sin embargo, puede pasar.
Sucede cuando un imprevisto hace difícil organizarse y la solución no consiste en elegir entre el trabajo y los hijos, sino en encontrar la manera de hacerlos convivir, aunque sea solo por un día.
No es solo una cuestión de organización. Es cultura.
El work-life balance es un equilibrio personal, que cambia según las necesidades, las etapas de la vida y las situaciones cotidianas.
Hay momentos en los que todo avanza según lo previsto, y otros en los que un imprevisto familiar cambia los planes. Cuando esto puede vivirse sin incomodidad, sin sentirse en falta, sino simplemente como una situación que gestionar con serenidad, entonces el equilibrio se convierte en algo concreto.
Porque la vida no se detiene fuera de la oficina. Y una empresa que lo reconoce es una empresa con una realidad más sana, más sólida y más humana.
No existe una solución única válida para todos. Pero sí existe una actitud basada en la escucha, la flexibilidad y la confianza.
La posibilidad de llevar a los hijos a la empresa no es una regla escrita. Es una puerta abierta.
Y quienes mejor pueden contar esta historia son precisamente las madres de Edilteco que han vivido esta disponibilidad en primera persona.
Elena Q.
“Una mañana llevé a la empresa a mi hijo pequeño y le enseñé dónde trabajo. Para él fue precioso: dijo que de mayor quiere trabajar en Edilteco, porque aquí todo es de colores.
Por ahora nunca he tenido realmente la necesidad de utilizar esta posibilidad, pero saber que, en caso de necesidad, podría contar con esta disponibilidad me da mucha tranquilidad. Para una madre, esto también cuenta: no vivir cada imprevisto con la ansiedad de tener que justificarlo todo.”
Elisa B.
“Me considero afortunada de trabajar en una empresa atenta a las necesidades de las madres. Pedí y obtuve la posibilidad de trabajar 35 horas semanales, es decir, 7 horas al día, y por ello estoy muy agradecida.
Salir a las 16:30 en lugar de a las 18:00, para mí, marca una gran diferencia: significa tener más tiempo para mis hijos, acompañarlos a sus actividades deportivas y estar presente en su día a día, sobre todo mientras son pequeños. Antes de ser madre, la jornada completa y el trayecto de casa al trabajo no me pesaban; hoy, con hijos, todo tiene un peso distinto.”
Claudia M.
“Ya llevaba a mi hijo al trabajo hace muchos años, cuando todavía estábamos en la antigua sede. Él nació en 1990 y recuerdo que, con 7 u 8 años, pasaba el tiempo sentado a mi lado coloreando. En un momento dado me decía: ‘¡Basta de colorear!’. Entonces no había móviles ni tabletas: para estar a mi lado durante ocho horas solo tenía sus colores.
Él también lo recuerda muy bien. Para mí son recuerdos muy bonitos. Un verano vino también a preparar sacos de Politerm y aquella experiencia le encantó.”
Alice G.
“Todavía no he llevado a mi hija al trabajo, excepto en la comida de Navidad, cuando tenía apenas tres semanas. Por ahora aún es muy pequeña, pero creo que más adelante lo haré.
Hoy trabajo 7 horas al día y puedo contar con flexibilidad horaria y smart working. Me siento bien aquí, y sé que no es algo que se pueda dar por hecho. Antes de la maternidad estaba acostumbrada a viajar a menudo al extranjero para las ferias: los responsables esperaron a que me sintiera preparada para retomarlo, sin obligaciones ni presiones. También eso, para mí, significa confianza.”
Elena T.
“Sobre todo en verano, me ha pasado varias veces llevar a mi hija al trabajo. Para mí es una tranquilidad, y también lo es para ella: está conmigo, ve dónde trabajo, observa lo que hago y las dinámicas de la oficina. Se organiza con los deberes, almuerza conmigo, toma café con nosotros y vive la jornada con serenidad.
Para nuestra familia es una gran ayuda, también porque solo podemos contar con el apoyo de un abuelo. La llevo cuando no hay otra alternativa, especialmente en los periodos en los que los campamentos de verano se vuelven difíciles de gestionar.
También el smart working, en este sentido, es un verdadero salvavidas. Cuando era pequeña, a mí también me pasaba ir a la oficina de mi padre y lo recuerdo como una experiencia agradable. La primera vez, mi hija me lo pidió precisamente para ver dónde trabajaba.”
Altea L.
“He llevado a mi hija al trabajo cuando no tenía la posibilidad de dejarla con alguien. Tenerla cerca me hizo sentir más tranquila y acompañada: poder contar con una posibilidad así no es algo que se pueda dar por hecho.
Ella estaba sorprendida: no imaginaba que cada día trabajara en un entorno tan grande y luminoso. Estaba curiosa, interesada, y para ella fue una forma sencilla pero importante de ver dónde paso mis días, conocer a las personas con las que trabajo y entender mejor qué hago cuando no estoy en casa.
Creo que, para un empleado, saber que puede gestionar un imprevisto familiar sin el estrés de tener que encontrar inmediatamente una solución alternativa aporta una gran serenidad. La palabra que me viene a la mente es: confianza.”
Isabella O.
“Si trabajo desde casa porque mi hija está enferma, si llego más tarde porque esa mañana no quiere ir al colegio o surge cualquier otro imprevisto familiar, el ambiente entre las compañeras sigue siendo sereno.
En otros contextos, situaciones de este tipo pueden vivirse con incomodidad o sentirse juzgadas; aquí, en cambio, hay comprensión. Esto evita que aparezca ese sentimiento de culpa que a menudo lleva a una madre a sentirse dividida entre los hijos y el trabajo, hasta casi tener que elegir entre una cosa y la otra para no sentir ese malestar.”
“Al final, son precisamente estas experiencias cotidianas las que dan un significado real a palabras como flexibilidad, escucha y work-life balance.
Como madre, conozco el valor de la serenidad. Como empleadora, sé que nace de la confianza.
Cuando una empresa permite que las personas no tengan que elegir entre quiénes son y el trabajo que realizan, está construyendo algo que perdura.”
Las palabras de Elisa Stabellini, responsable de RR. HH. de Edilteco S.p.A., cierran este relato con una idea simple pero poderosa: cuando las personas no se ven obligadas a elegir entre lo que son y el trabajo que hacen, trabajan mejor y contribuyen a crear un entorno más sano y sereno.
Un equilibrio que se construye en los gestos de cada día, en las atenciones ofrecidas sin hacer ruido y en la confianza que permite a las personas trabajar con mayor serenidad.
COMPARTIR